BizBAK Indie Festival. Canciones glocales


Cartel de BizBAK.

Muchas veces nos hemos podido preguntar qué significa, a estas alturas, el calificativo de indie, en tanto que modo de denominar a los productos procedentes de aquellas áreas de la producción cinematográfica, o musical, principalmente, que se autocalifican como “independientes”. “Pero, ¿independiente de qué?”, nos preguntamos. La respuesta obvia es “de la industria”, o “de la industria mainstream”, claro; sin embargo desde hace tiempo sabemos que esta afirmación plantea muchas excepciones, muchos interrogantes, y muchas dudas,  en definitiva.

Del mismo modo que en los 80 un cierto tipo de cine, principalmente norteamericano, se denominaba “independiente” para marcar distancia con lo que venía producido por la industria hollywoodiense, también una serie de pequeños sellos musicales pronto comenzaron a promocionar lo que hacían con esa nueva etiqueta: lo cual parecía garantizar unas dosis mayores de autenticidad y de frescura. Eran independientes de las grandes corporaciones, outsiders dentro de la industria. Esto también significaba que tenían menos dinero, que todo era más artesanal, que practicaban el “Do It Yourself”, y que finalmente sus productos eran mucho más sencillos, rudos y directos. No hace falta explicar aquí cómo lo “independiente” y lo “indie” se convirtió después en una marca más, y las grandes compañías, tanto de Hollywood como de la industria del disco, trataro n de apropiarse de ese espíritu creando artificialmente sus propios “pequeños” sellos y estudios subsidiarios.

En este sentido, sacar a relucir hoy en día el concepto de “indie” podría parecer un gesto vano, incluso ñoño: si no fuera porque creemos que detrás, de forma implícita, sigue habiendo valores importantes que defender; actitudes estéticas (y por ende éticas) que desde posiciones como la que ocupa un proyecto de cultura universitaria como es el de BizBAK han de ser no sólo acogidas, sino más bien promovidas e impulsadas.

Porque lo “indie” significa, ante todo, ser como ese indómito personaje tan bien dibujado por Marc Recha en la que es por el momento su última película: el adolescente petit indi que se resiste a ser manejado por los hilos de la convención, de esas relaciones de poder basadas en la dominación y el chantaje emocional tan del gusto de los adultos: o como intenta también reflejar el cartel del festival que en esta primera edición presentamos, un “indi” entendido como ese pequeño “piel roja” indomable que quiere plantar cara, de tú a tú, al siempre triunfante cowboy.

Al igual que este emplumado y desafiante forajido, los grupos y solistas que presentamos se mantienen tenaces y retadores desde sus diversas y heterogéneas propuestas: aún siendo casi todas ellas agrupaciones de pequeño formato, y que nos ofrecerán actuaciones breves a lo largo de esos tres viernes de mayo en los que se extenderá el festival, tendremos sin embargo ocasión de comprobar la contundencia de sus letras y sus sonidos, así como la intensidad emocional e interpretativa que, desde una serie de experiencias firmemente ancladas en lo local, se manifiestan, desde la perspectiva “indie”, perfectamente representativas del carácter global de los tiempos que vivimos. Canciones “glocales” indies, vamos.

(texto de Gabriel Villota Toyos facilitado por Black Izar)

Ainara LeGardon en una imagen tomada de Musicopolis.

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