>Eli Paperboy Reed. Un viaje desenfrenado


>Desde que nos sorprendió y convenció en el pasado Azkena Rock Festival con una puesta en escena que remitía tanto al elegante Sam Cooke como al impetuoso James Brown, cuando alguien nos pregunta por un nuevo valor del soul, nuestra primera recomendación es, sin duda, Eli Paperboy Reed. El rostro pálido ya ha concluido Come and get in, un nuevo disco que saldrá a la venta el 5 de abril…

“Ha sido un viaje desenfrenado, de eso no hay duda”, admite Eli “Paperboy” Reed cuando echa la vista atrás y comprueba el recorrido que ha llevado a aquel chico de aspecto aniñado desde una banda de instituto de Boston hasta un garito del Mississippi Delta; de dar conciertos en las mañanas de los domingos tras un órgano en una pequeña iglesia de la zona sur de Chicago, a ser cabeza de cartel en los clubs más modernos en Brooklyn al frente de su banda; y a firmar un contrato con Capitol Records.

En su estreno en una multinacional, Come and Get It, Reed demuestra ser algo así como el alma de una sudorosa fiesta en la que todos se ven atraídos hacia la pista de baile. Como intérprete, aborda cada canción con convicción absoluta, y resulta tan auténticamente valiente como insinuantemente sexy. Incorpora el toque del rhythm & blues, el blues y el soul clásicos a una docena de canciones de su propia cosecha producidas con Mike Elizondo, bajista convertido en productor que ha trabajado con Eminem, Pink, Gwen Stefani y Fiona Apple.

El periódico Boston Herald le presentó como “La respuesta de Boston a Sam Cooke”. Y sus fans también le comparan con Otis Redding y Wilson Pickett. Pero él, no obstante, no trata simplemente de recrear un sonido; trata de canalizar sus influencias para hacer algo propio. “Para mí se trata de escribir canciones pop. La música soul fue la mejor música pop del siglo XX y su influencia tiene mucho alcance. Cuando cojo una guitarra para escribir una canción, sale a relucir invariablemente; ésa música la he interiorizado completamente. No trato de poner nada; es lo que sale, es lo que pasa, no puedo cantar ni componer de otra manera”, asgura Eli.

“Trato de escribir a partir de frases a las que creo que la gente responderá”, sigue explicando. “Los giros y expresiones son muy importantes para mí. En ese sentido, me inspiró mucho Sam Cooke y aprendí también mucho de la música country. Ser capaz de crear una imagen mental para alguien con solo una línea es muy, muy importante. Sam Cooke habla de escribir a partir de conversaciones, historias personales, pequeños giros idiomáticos y frases para captar tu atención y enganchar, ser pegadizo. Ése es mi modus operandi para escribir canciones”.

La mayor parte del material en Come And Get It,, comenta el propio Reed, “está escrito en casa, cuando estaba medio jugando con la guitarra acústica”. El título de la canción que le da título surgió rápidamente cuando su guitarrista, Ryan Spraker, que co-escribió varios temas, soñó esa pequeña frase, “If You Want The Love of A Man, Come and Get It” (Si quieres el amor de un hombre, ven y cógelo). Pero, explica Eli, “esa precisamente llevó algo de tiempo, porque queríamos transmitir el sentimiento correctamente sin sonar cursi”. En cuanto a las temáticas, prefiere descubrir, buscar y mantener el amor. Eli lo admite: ”me gusta escribir canciones de amor porque son fáciles para que la gente se identifique y, principalmente, son el tipo de sentimientos que me salen. Algunas de mis canciones vienen de experiencias personales, algunas están cambiadas, son sólo ideas que me surgen, así es como trabaja la mayor parte de compositores”.

El tema que abre el disco, “Young Girl”, es un homenaje al cantante soul de Boston Frank Lynch, que falleció trágicamente justo cuando su carrera empezaba a despegar. Eso es también parte del modus operandi de Reed: volver a la fuente de su propia inspiración, descubriendo cantantes veteranos sin contrato y trayéndolos con él como podía. En esa línea, este pasado verano ayudó a organizar el Brooklyn Soul Festival, incluyendo en el cartel a leyendas del soul como Barbara Lynn, Roscoe Robinson y Otis Clay.

Mientras estaba haciendo Come and Get It, “escuchaba mucha música soul de finales de los sesenta y principios de los setenta, de Chicago, en particular Mel y Tim y Tyrone Davis. Todo cosas producidas magnífica y profusamente, con muchos vientos, muchas cuerdas, y sección rítmica muy funky”. “Iba buscando ese tipo de toque y ambiente. Ése era el plan”, reconoce Eli.

Un párrafo en inglés (para dárnoslas de guays)

Producer Elizondo came at R&B from a markedly different angle than Reed, having deep roots in hip hop as well as contemporary rock. Says Reed, “It was definitely a different thing for him and it was a different thing for me, to work with a strong-minded producer, but it didn’t take him long to earn my respect. When we were cutting the string section he’d have the score laid out on the board, following along. He’s say, ‘measure 76, second violin, that note is flat.’ That is very impressive. Mike’s got great ideas and he’s got great ears, and he’s a great bass player. I definitely have a pop sensibility, but he brought more of an understanding of modern music”.

Siendo aún muy joven, Reed ya demostraba un buen gusto sofisticado al explorar la colección de discos de su padres. Se embebió del primer rock & roll (Chuck Berry, Buddy Holly, The Coasters), antes de pasarse a los éxitos del día de las emisoras de radio country. “El primer disco que me compré fue un single de Travis Tritt & Marty Stuart, The Whiskey Ain’t Workin’, y todavía opino que es muy bueno”, interpone el soulman. Luego se enamoró de Howlin’ Wolf y del blues. No obstante, el momento definitorio en la educación musical juvenil de Reed llegó cuando su padre compró una caja de Atlantic en casete de Ray Charles: “Aquella fue mi introducción a la música soul, realmente cambió mi vida. Durante unas vacaciones de verano, cuando íbamos en el coche, escuchábamos aquellas tres cintas una y otra vez”.

Además de pasarle el gusanillo por coleccionar discos, su padre también le dio una armónica, el primer instrumento que aprendió a tocar. En el instituto, se juntaba en el salón de actos con estudiantes tan apasionados por la música como él: “La mayoría eran mejores músicos que yo, por aquella época no era muy bueno a la guitarra. También tocaba saxo tenor, aunque tampoco era bueno con ese instrumento”. Pero albergaba un don como cantante enérgico. En una asamblea con motivo del Día de Martin Luther King, interpretó “A Change Is Gonna Come” (Va a llegar un cambio). Y según recuerda, “todo el mundo flipó”. “Recibí una gran ovación”.

A partir de ahí, su camino hacia una carrera profesional fue construyéndose sobre giros y sorpresas inesperadas. Su amor por la música, y una serie de coincidencias, le llevaron a Clarksdale, Mississippi. Tras graduarse en el instituto a los 18 años, frecuentaba garitos y salas de conciertos, y tocaba blues cinco noches por semana. Encontró a sus mentores entre los artistas veteranos que tocaban en esos lugares, como Terry “Big T” Williams, Sam Carr y Wesley “Junebug” Jefferson, y perfeccionó sus habilidades como artista en ciernes en un entorno fértil pero implacable. Cuando no estaba “afinado” durante un concierto, los colegas músicos y espectadores le decían en términos inequívocos que tendría que dejar el escenario. Pero tenía agallas para atreverse: “Fue duro. Nunca había estado alejado de mi casa hasta entonces. Aprendí mucho sobre hacerse mayor y madurar”, rememora.Regresó al norte con nuevas habilidades adquiridas, y con un nuevo apodo: Paperboy (chico de los periódicos). “Solía llevar una gorra, la gorra de mi abuelo, una gorra de chico de los periódicos que ya he jubilado. Cuando estaba en Clarksdale, todos los músicos tenían un apodo, me pusieron ése y ya se quedó conmigo”.

Reed intentó luego realizar estudios superiores, y fue aceptado en la Universidad de Chicago, pero le tiraba más la música que los libros y empezó a dirigir en la radio universitaria un programa de música soul sureña, y a explorar el sureste de la ciudad en busca de discos y pollo frito. Dada su fascinación por las figuras menos conocidas, pero muy influyentes, del R&B, acabó dando con una antigua artista del sello Chess Records llamada Mitty Collier (“I Had a Talk With My Man Last Night”), que había dejado de cantar soul para pasarse al sacerdocio. Además de hacerse amiga de Reed, le contrató para tocar teclados y cantar en sus servicios dominicales, pagándole una pequeña remuneración que él invertía en ampliar su colección de discos.

Regresó a Boston tras finalizar el curso escolar, determinado a montar su propia banda. Durante un tiempo trabajó en la floristería de la madre de uno de sus colegas de grupo, además de repartir arreglos florales, y utilizaba la furgoneta para transportar el material de la banda. Durante su estancia en Boston, Reed sacó dos álbumes que tuvieron muy buena aceptación: Sings Walkin’ and Talkin’ and Other Smash Hits!, que se editó de forma independiente, y Roll With You, publicado por Q Division Records. En Estados Unidos, la revista Rolling Stone señaló a Reed “Artista Revelación”, alabando sus “ritmos aulladores y sucio R&B de raíces”. En Reino Unido, también estuvo nominado a los premios de la revista MOJO 2009 como Artista Revelación del Año. Y el clamoroso entusiasmo provocado atrajo finalmente la atención del sello Capitol Records.

“Se dice que cada uno se busca su propia suerte”, concluye Reed. “Yo sin duda pongo especial hincapié en buscar a algunos de los artistas que me han inspirado, pero algunas de las cosas que me han sucedido hasta ahora han sido sencillamente asombrosas. Y me considero increíblemente afortunado de que hayan ocurrido”. Y nosotros bien que nos alegramos.

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