>Bocadillos de destrucción masiva (Periscópico)


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Curioso. Usted puede entrar a un festival con los bolsillos, la riñonera o la mochila cargada de estupefacientes. Da igual lo dura que sea la droga que porte. Sin embargo, se juega un empujón del gorila de turno si defiende su derecho constitucional a introducir un bocata de mortadela. ¿O acaso la Carta Magna ampara la discriminación por razón gastronómica?

Claro. Usted es un peligro. Un caradura, casi. ¿No se da cuenta de que la fusión de masa de pan horneada y embutido está incluida por el Consejo de Seguridad de la ONU en el listado de “objetos punzantes, de cristal, metálicos, arrojadizos, inflamables o contundentes”? No se haga el listo. Sabe perfectamente que un bocadillo prende. Es consciente de que un bocadillo se puede arrojar, por su condición de alimento sólido. No se le escapa que un coscorrón con pan de la semana pasada puede enviar a su contrincante a la Unidad de Cuidados Intensivos.

¿Cómo? ¿Que usted, además de estar hambriento, le tiene mucho cariño a ese mendrugo y no piensa pegarle fuego ni lanzarlo contra la muchedumbre? Eso lo dice ahora. No es consciente de que es un peligro, usted y su chopped son una bomba andante. Ande, márchese de aquí y entréguese a la policía. Comilón.

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