>Last Tour International. Al aparato


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“En España nunca se ha visto la música como cultura, sino como complemento festivo”

Alfonso Santiago (en el medio, en la foto) es uno de los tres socios que dirigen Last Tour International, empresa que organiza los festivales Bilbao BBK Live, Santander Summer, Azkena Rock, Getafe Electric y Kobetasonik, y lleva la contratación de Fito & Fitipaldis, Tequila, Extremoduro y Andrés Calamaro. Rage Against The Machine, Metallica, The Police, Kiss, R.E.M. y ZZ Top son cabezas de cartel en los festivales que organiza este verano. Ah, y esto no pretende ser un publirreportaje.

¿Es sencillo contratar a artistas de ese nivel?
Es muy complicado. Cada día hay menos artistas con tirón y más eventos, y eso hace que se encarezcan, como pasa en otros mercados en los que hay carencia. Además, no basta con tener el dinero necesario. Otras claves son entrar en el mercado a tiempo, querer programar en el momento en que la banda quiera llegar, tener interlocutores en el mercado, o ser un buen interlocutor de cara a los agentes extranjeros y a las propias bandas; o sea, que tu festival o tu empresa sean una referencia en tu país.

¿Por qué todas las ciudades, y todos los pueblos, y todos los barrios, quieren tener su festival?
Creo que todo esto es una evolución del propio mercado, de la profesionalización del sector. España es un país muy joven en lo que se refiere a música, a finales de los ochenta, principios de los noventa, lo más de lo más en todos los pueblos de España era tener al artista del verano: Olé Olé, Loquillo o Radio Futura. A mediados de los noventa ciertos pueblos empezaron a contratar artistas extranjeros: se empezó a ver a (Bob) Dylan, a Joe Cocker, otras cosas. Alrededor de 2000 empiezan a generarse los primeros festivales y los ayuntamientos con poder económico empiezan a intentar contratar a figuras internacionales aún más fuertes. Y Ahora la mayor parte de los artistas nacionales han pasado ya por la mayor parte de las grandes ciudades y pueblos de España, ya están vistos, es algo ya ordinario, normal o parte del paisaje habitual, todos esos ayuntamientos están intentando contratar a artistas internacionales más fuertes o más grandes, y los que tienen ideas más desarrolladas están intentando hacer festivales o eventos de mayor calibre. Como en todas las economías de mercado, en todos los movimientos que se generan en torno a transacciones, movimientos económicos o de mercado, acabarán desapareciendo unas cosas y quedando otras.

La música en vivo es un negocio en alza, ¿verdad?
R. Sí, el crecimiento de la música es general, cada día se escucha más música, crece los eventos, las recaudaciones por derechos en torno a los conciertos, etcétera. Ahora en España la mayoría de la gente que tiene hijos escucha pop, escucha rock, y los propios hijos nacen dentro de esa cultura, algo que no hemos podido tener otras generaciones. Siempre se manda un mensaje de que la música va mal, pero lo que va mal es la industria discográfica, la que comercializa el producto digital.

¿Qué busca el público de los festivales?
La mayor parte busca ocio, espectáculo, turismo, tiempo libre. Hay un núcleo de gente que sí busca grandes propuestas musicales, pero también quiere festivales cómodos, conocer ciudades, disfrutar de la gastronomía, del buen tiempo y de los colegas. Pasar un fin de semana fuera de su hábitat normal. En el festival la gente ya busca muchas más cosas que lo meramente musical.

¿Por eso tienen menos futuro los festivales especializados?
Es cierto que no van a ser los más fuertes, pero sí tienen futuro y van a tener siempre su mercado. Pero los más fuertes van a ser los abiertos. De todos los festivales europeos de 80.000 espectadores diarios, ninguno es especializado, son como el Bilbao BBK Live, donde pueden tocar Metallica, Björk, Chemical Brothers, Ojos De Brujo y quien venga. El modelo de festival masivo es el que proyecta la música de forma global no de forma específica en torno a un estilo.

¿Por qué cuesta rascarse el bolsillo cuando se trata de música, y no se duda con la oferta de teatro, danza, toros o fútbol?
Tiene que ver con la cultura de la que venimos, con que en España la música ha sido principalmente un complemento festivo. O sea, nunca se ha visto la música como cultura, ni se ha pensado en generar buenos espacios para ella, ni en generar ciclos en torno a la música moderna. Muy poca gente ha tenido sensibilidad hacia eso. En otros países la gran eclosión cultural fue en los años sesenta o setenta, con el punk y el flower power, y aquí nos llegó 20 años después, con la movida. Los gobiernos creen que la forma de dar ocio es dar conciertos gratuitos por todos lados, pero eso perjudica a todo el movimiento futuro. A principios de los noventa hubo una quiebra absoluta en la música; los propios artistas que habían estado durante años girando subvencionados por todos los ayuntamientos, cuando estos se quedaron sin capital, se quedaron sin tocar y dejaron de vivir de la música. No se supo gestionar este gran movimiento que explosionó con la movida, no se trató a los músicos como profesionales, sino como feriantes que tenían que ir a tocar a plazas de pueblo gratis. Lo respeto, pero si se hubiera gestionado de otra forma, habría ahora muchas más bandas de esos años sólidas y fuertes, y la gente estaría más habituada a pagar por los conciertos. El valor de un artista se mide realmente por las entradas que vende.

Llama la atención la predilección por viejas glorias y artistas muy curtidos como cabezas de cartel de los festivales más concurridos. ¿Por qué sucede?
Porque esas son las bandas que más han cuajado. A las nuevas les cuesta mucho más cuajar, porque desarrollan su ego y muchas se separan al de ocho años de éxito. Es cierto que bandas como Coldplay meten mucha gente, pero los nombres de referencia son las que llevan más años. Si nada cambia, dentro de diez años va a haber un problema gordo.

¿Sois conscientes de vuestra mala fama entre los colegas de profesión?
Sí, lo somos. Pero es normal cuando alguien viene fuerte, hace muchas cosas, trabaja tanto y sube tanto como Last Tour. La mayor parte de los artistas de España y de los artistas extranjeros avalan nuestra manera de trabajar, nuestra gestión y nuestra profesionalidad. En Last Tour International actuamos de una forma honesta, limpia y legal. Tenemos una filosofía, unos principios y un gran amor y dedicación hacia nuestro trabajo.

Pero tú has afirmado recientemente que la competencia nunca es leal. ¿En este negocio todo vale?
Dentro de un contexto afirme que en nuestro sector no se podía acusar a nadie de hacer competencia leal o desleal, ya que no existe ningún código o ley que regule la forma de actuar o trabajar en nuestra actividad. Si existiese un código aprobado por todos los que estamos involucrados profesionalmente en este sector y si alguien no lo acatase, se podría hablar de competencia desleal, pero por desgracia esto no existe.

Uno de los grandes lunares de Last Tour International es el fracaso de Last Recordings. ¿Por qué fue rápidamente a pique la discográfica?
Es un proyecto congelado porque la persona que la gestionaba y la dirigía se fue a trabajar en Sony/BMG. Fue un proyecto inacabado, pero lo retomaremos.

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